No existe un artículo fundacional que fije la definición. Existe, en cambio, una convergencia de tradiciones críticas que apuntan en la misma dirección. José Liste-Noya, en un artículo publicado en LEAVES (Université Bordeaux Montaigne, 2022), describe Blood Meridian de Cormac McCarthy como «a violent, fable-like, yet historically conscientious metaphysical Western that unsettles such generic labels through its stylistic and textual excess». Es la formulación académica más directa del término. Y es también, significativamente, una definición que se construye sobre la inestabilidad: un western que trasciende el género, que lo desborda, que no cabe en él.
La frontera, en el western clásico, es un escenario. En el western metafísico es una pregunta.
De Turner a McCarthy: cómo se desmantela un mito
La Frontier Thesis de Frederick Jackson Turner (1893) proporcionó el mito fundacional de la narrativa del Oeste: la frontera como espacio de regeneración, de libertad, de construcción de la identidad nacional. El western metafísico no ignora ese mito, lo necesita como punto de partida, pero lo convierte en material de demolición.
El año 1960 es, en este sentido, una fecha doble y casi simétrica. John Williams publica Butcher's Crossing y E. L. Doctorow publica Welcome to Hard Times. Son dos respuestas independientes al mismo agotamiento del género. Williams envía a su protagonista, William Andrews, desde Harvard hacia el Oeste, empujado por la lectura de Emerson y la promesa trascendentalista de la Naturaleza como espejo del espíritu. Lo que encuentra no es la plenitud sino el vacío: «an intrinsic emptiness that cannot be filled». Donde Emerson veía en el paisaje un reflejo de lo divino, Williams ve un abismo ontológico que devora las ilusiones del hombre ilustrado. Es el trascendentalismo invertido como programa estético.
Doctorow, por su parte, transforma el western en alegoría cíclica. Zohreh Ramin ha argumentado que Welcome to Hard Times «debunks traditional notions of the west as a land of endless opportunity, freedom and success» mediante la inversión sistemática de sus tropos. La historia se repite, el mal regresa, la frontera no regenera sino que corroe. Ramin y Torkamannejad, en un artículo posterior de 2021, conectan la novela con la filosofía cíclica del Eclesiastés: el Oeste como tiempo circular, no como promesa lineal.
Pero el texto que convierte estas intuiciones en canon es Blood Meridian (1985). John T. Arthur, en su tesis doctoral Amoral Antagonists (University of Denver, 2017), argumenta que McCarthy «offers a different lens through which to examine a foundational period for the nation, one characterized not simply by the traditionally recognized ethos of rugged determinism, but also by depravity and bloodshed». El juez Holden no es un antagonista psicológico: es una figura demiúrgica, casi transhistórica, que encarna el mal como categoría filosófica autónoma. La violencia en Blood Meridian no es realismo histórico sino metafísica en acción. Paolo Viganò lo ha formulado con precisión: «the persistence of violence in the novel can be interpreted as the continuous denial of the Christian idea of salvation through faith».
Las marcas del género
A partir de la bibliografía crítica disponible, y de la lectura directa de los textos, es posible identificar un conjunto de rasgos que definen el western metafísico como modo específico de escritura.
- El paisaje como agente ontológicoEl desierto, la pradera, la montaña no enmarcan la acción: la condicionan, la interrogan, la vacían. Liste-Noya describe el desierto en McCarthy como «both empty site of political fantasy and as the void that threatens to swallow that fantasy whole». El espacio geográfico es inseparable del espacio filosófico.
- La violencia como argumento filosóficoNo se representa como consecuencia de conflictos individuales o históricos sino como expresión del mal radical, de algo que precede y sobrevive a cualquier explicación causal. Esto distingue al western metafísico tanto del clásico —donde la violencia tiene función moral— como del anti-western —donde tiene función desmitificadora—.
- Antagonistas amorales o alegóricosNo tienen psicología en el sentido novelístico convencional: tienen ontología. Funcionan como fuerzas más que como personajes, y su presencia interroga la posibilidad misma de la redención narrativa.
- Ausencia de redenciónQuizá el rasgo más definitorio. En el western clásico, el héroe restaura el orden; en el revisionista, al menos hay una crítica moral implícita; en el metafísico no hay consolación.
- Densidad intertextualMcCarthy dialoga con el Génesis, con los gnósticos, con Melville y Nietzsche; Williams con Emerson; Doctorow con el Eclesiastés; Baricco con tradiciones espirituales orientales. El western metafísico es un género erudito que usa el Oeste como tablero donde dirimir debates filosóficos muy anteriores a la conquista del continente.
- Prosa épica, profética, bíblicaEl laconismo del western clásico cede paso a registros elevados. La ambición estilística refleja la ambición filosófica: si el texto va a interrogar el sentido de la existencia, no puede escribirse en el tono de una novela de aventuras.
El canon y sus márgenes
Los textos centrales del género forman un corpus que abarca seis décadas y varios continentes. Butcher's Crossing y Welcome to Hard Times (1960) son los textos fundacionales. Blood Meridian (1985) es el punto de máxima intensidad y el que fija los términos del debate académico. La Border Trilogy de McCarthy —All the Pretty Horses (1992), The Crossing (1994), Cities of the Plain (1998)— expande el territorio hacia el western elegíaco. No Country for Old Men (2005) y The Road (2006) llevan el género hacia el post-western y el post-apocalipsis sin abandonar sus obsesiones metafísicas.
En los márgenes del canon hay textos igualmente significativos. Housekeeping (1980), de Marilynne Robinson, lleva el género hacia una metafísica ecológica y teológica protagonizada por mujeres, en un diálogo con el paisaje del noroeste que tiene poco que envidiar a McCarthy en densidad filosófica. Ghost Town (1998), de Robert Coover, convierte el Oeste en espacio posmoderno donde la realidad se disuelve. The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford (Ron Hansen, 1983) trabaja la dimensión psicológica y mítica del género desde la perspectiva de la celebridad y la traición. Days Without End (Sebastian Barry, 2017) introduce la identidad queer y la diáspora irlandesa como vectores de extrañamiento en la frontera.
El ejemplo más reciente —y el más sorprendente en términos de procedencia— es Abel (2024), de Alessandro Baricco. Un autor italiano escribe lo que él mismo ha descrito como «una suerte de western metafísico»: un sheriff de veintisiete años que recorre «un camino espiritual que resignifica sus relaciones» en un Oeste explícitamente imaginario, entre «lo físico y lo metafísico, la vida y la muerte, lo visible e invisible». Que Baricco sienta la necesidad de escribir dentro de este género confirma lo que Neil Campbell ha llamado el worlding del western: la conversión del Oeste americano en espacio simbólico global, desvinculado ya de su geografía de origen.
Un debate todavía abierto
La clasificación del western metafísico no está cerrada y probablemente no deba estarlo. El propio debate académico oscila entre posiciones que no siempre convergen. ¿Es Blood Meridian un anti-western o un western metafísico? Liste-Noya prefiere «metaphysical Western» porque el texto trasciende la mera inversión del género para plantear cuestiones ontológicas autónomas. Otros críticos, como Luburić-Cvijanović, lo clasifican como «critical postmodern western or anti-western». M. Mathews (2025) argumenta que las novelas de McCarthy «are not strictly Westerns because they go beyond simple frontier myths to explore other aspects of human experience».
La tensión entre historia y mito es otro eje del debate. Sara Spurgeon, en Exploding the Western (Texas A&M University Press, 2005), sostiene que McCarthy «presents a counter-memory, a sort of anti-myth of the West». Pero una contra-memoria también es una memoria: el western metafísico no puede existir sin el mito que desmonta, y esa dependencia es parte de su complejidad.
En Meridian entendemos esta apertura no como falta de rigor sino como una característica constitutiva del género. El western metafísico es un espacio crítico donde todavía caben nuevas voces, nuevas geografías, nuevas preguntas. El corpus no está cerrado. Las aportaciones —académicas, creativas, críticas— siguen llegando, y algunas de las más interesantes están por escribirse.
- Arthur, John T. Amoral Antagonists: Evil in the Novels of Cormac McCarthy. Tesis doctoral, University of Denver, 2017.
- Baricco, Alessandro. Abel. Feltrinelli, 2024 (ed. esp. Anagrama, 2024).
- Campbell, Neil. The Rhizomatic West. University of Nebraska Press, 2008 — sobre el concepto de worlding.
- Doctorow, E. L. Welcome to Hard Times. Simon & Schuster, 1960.
- Liste-Noya, José. «Metaphysical Western and the Limits of Genre». LEAVES, Université Bordeaux Montaigne, 2022.
- Luburić-Cvijanović, Ana. Estudios sobre McCarthy como «critical postmodern western or anti-western».
- Mathews, M. «Beyond the Frontier Myth: McCarthy's Post-Western Imagination», 2025.
- McCarthy, Cormac. Blood Meridian, or The Evening Redness in the West. Random House, 1985.
- Ramin, Zohreh. Estudios sobre Doctorow y la inversión del mito del Oeste.
- Ramin, Zohreh & Torkamannejad, S. «Ecclesiastes and the Cyclical West in E. L. Doctorow», 2021.
- Robinson, Marilynne. Housekeeping. Farrar, Straus & Giroux, 1980.
- Spurgeon, Sara. Exploding the Western: Myths of Empire on the Postmodern Frontier. Texas A&M University Press, 2005.
- Turner, Frederick Jackson. The Significance of the Frontier in American History, 1893.
- Viganò, Paolo. Estudios sobre la violencia y la negación de la salvación en Blood Meridian.
- Williams, John. Butcher's Crossing. Macmillan, 1960.
Adrián Cobo es crítico literario y colabora con Meridian desde el N.º 01. Ha escrito sobre Cather, McCarthy y la tradición del Sur.